Continuidad cero.
-Vos decís?
Miradas del tiempo
blablabla y bla
8.9.10
23.7.10
Mis Gris
Gris
Suelo
Soñar
En gris
Suelo
Sentir
En gris
Cierto desierto en gris,
en blanco, en arco y ris.
Mil veces gris
Mil veces gritar gris
Mil gris
Mi gris
¿Miss Gris?
Nos es menos cierto
El gris encierro
Del mito incierto
En tu suelo entierro
Y suelo serlo
Sólo Gris.
Now you have to take me … you have tamed me
14.4.10
Adentro/Afuera
Eso que soy y no soy al mismo tiempo me define, sin limitarme, sin cercarme, conteniéndome y mostrándome todas mis posibilidades que desde mi pequeño ojo humano y mortal parecen infinitas. Y quizás lo son. Pero no importa, porque de todas formas no podría abarcarlas todas. Por ejemplo, esto de escribir. Antes era costumbre, lo hacía cada vez que sentía esa urgencia de vomitar mi interior y adquiría práctica y agilidad haciéndolo. La gran mayoría son una sarta de boludeces adolescentes que no dicen nada, pero que reflejan una búsqueda, un ejercicio de autoexploración, que era publicado en este medio cibernético (no este en realidad, otro) y resultaba expuesto, a quien quisiera leerlo. Jamás me pregunté quiénes lo leían ni mucho menos intenté saberlo fehacientemente, porque no creía que fuese importante ni que fuese a aportar algo a la construcción de mi yo linguístico-emocional, al contrario, quizás hubiese resultado un límite, una mirada expectante queriendo algo de ese espacio que yo no estaba segura de poder proveer. Así que me creía que nadie miraba mi lugar, mis escritos, mis cosas; que era mi intimidad expuesta en la red, como la carta robada dejada como quien no quiere la cosa sobre la mesa y seguía adelante, sin condicionantes ni horarios ni entregas ni nada. Solo yo y mi interioridad.
Hoy ya no es lo mismo. Ya no escribo, ya casi ni lo intento tampoco y me doy cuenta de que, cuando hago el intento, me pierdo. Ya no encuentro mi camino en el hacer-escribiendo, es un lenguaje que me es cada vez más ajeno y lejano. Pero como nada se pierde (yo lo transformo) veo que el camino de búsqueda pasa por otro lado, por otro(s) lenguaje(s) (?).
Me muevo. El brazo que me lleva, el torso que se quiebra, la punta que marca y define mis piernas con su fuerza para sostenerme y al mismo tiempo relacionarse con la tierra y mostrarme donde estoy. Moverme y quedarme quieta. Respirar. Respirar también es movimiento, más pausado, más lento, imperceptible, pero vívido. Qué más vívido que respirar. Y el torso que se quiebra de nuevo, y bailo y ya no pienso y no hablo, me expreso con eso que hago, ahora hago-bailando y no me pierdo. Sé muy bien donde voy. Le pongo el cuerpo a la música, a la vida, dejo que mi biología me atraviese y me vuelva más humana, más cultural y si me caigo o tropiezo no es problema. Las pirouettes sin alma no dicen nada. Yo salto y me caigo y me agarro del suelo y al mismo tiempo tiro hacia arriba, me acomodo, respiro y dejo que mi cuerpo hable. Después pienso. Después ordeno.
Pero tampoco vomito movimientos, funciono como un medium, como si la danza existiese antes de mi y yo simplemente la hiciera corporal, material. Y eso habla, comunica, produce cosas en otros. Y eso alimenta esos movimientos. Y todo vuelve a empezar.
Los lenguajes son la forma en como pensamos las cosas. Si uno es claro interiormente, encuentra la forma de manifestarlo. Es animarse a tirar de la punta de la madeja y no dejarla escapar, para ver cómo se desenreda y cobra sentido. Y, en una de esas, hasta uno puede hacer algo más con eso. Una bufanda, ponele.
Hoy ya no es lo mismo. Ya no escribo, ya casi ni lo intento tampoco y me doy cuenta de que, cuando hago el intento, me pierdo. Ya no encuentro mi camino en el hacer-escribiendo, es un lenguaje que me es cada vez más ajeno y lejano. Pero como nada se pierde (yo lo transformo) veo que el camino de búsqueda pasa por otro lado, por otro(s) lenguaje(s) (?).
Me muevo. El brazo que me lleva, el torso que se quiebra, la punta que marca y define mis piernas con su fuerza para sostenerme y al mismo tiempo relacionarse con la tierra y mostrarme donde estoy. Moverme y quedarme quieta. Respirar. Respirar también es movimiento, más pausado, más lento, imperceptible, pero vívido. Qué más vívido que respirar. Y el torso que se quiebra de nuevo, y bailo y ya no pienso y no hablo, me expreso con eso que hago, ahora hago-bailando y no me pierdo. Sé muy bien donde voy. Le pongo el cuerpo a la música, a la vida, dejo que mi biología me atraviese y me vuelva más humana, más cultural y si me caigo o tropiezo no es problema. Las pirouettes sin alma no dicen nada. Yo salto y me caigo y me agarro del suelo y al mismo tiempo tiro hacia arriba, me acomodo, respiro y dejo que mi cuerpo hable. Después pienso. Después ordeno.
Pero tampoco vomito movimientos, funciono como un medium, como si la danza existiese antes de mi y yo simplemente la hiciera corporal, material. Y eso habla, comunica, produce cosas en otros. Y eso alimenta esos movimientos. Y todo vuelve a empezar.
Los lenguajes son la forma en como pensamos las cosas. Si uno es claro interiormente, encuentra la forma de manifestarlo. Es animarse a tirar de la punta de la madeja y no dejarla escapar, para ver cómo se desenreda y cobra sentido. Y, en una de esas, hasta uno puede hacer algo más con eso. Una bufanda, ponele.
19.10.09
Febril
El pelo se me pega al cuello, es el sudor y la fiebre. La mirada que se ahoga en la oscuridad de mi cuarto (que según dicen es naranja) me confunde, me dice cosas que no son... pero yo me las creo, así que, mea culpa.
A veces el problema no son los problemas sino los agregados pasados que se quedan el las neuronas y se detonan con un olor familiar, alguna imagen conocida o Lisandro Aristimuño y sus notas agudas, que penetran en el alma sin pedir permiso. Claro, como si ahora para penetrar pidieran permiso.
Ya no se pide permiso, ni perdón, ni gracias; tampoco hace tanta falta, en ocaciones complican más las situaciones cotidianas de subrir o bajar del colectivo o comprar chicles. Pero ojo, no estoy en contra de los buenos modales, al contrario, solo digo que en psiquis delicadas y poco precisas emocionalmente hasta las buenas costumbres traen malos ratos, y que hay que tener cuidado con eso. Nada más.
El estado febril alucinógeno produce cosas raras. Coreografías enteras (con mucha gente y vestuario y cosas locas), textos sin sentido (como este), ideas de crear arquitectura inservible y la rápida pérdida de la noción del tiempo. Al alma hay que darle de comer no solo preocupaciones y entregas, sino sueños placenteros, aire en bocanadas, besos y abrazos tuyos (antes de que me des la mano y me lleves a recordarme lo que soy y lo que somos), algún que otro mate y un pop evolution, de esos que tienen gusto a frambuesa.
A veces el problema no son los problemas sino los agregados pasados que se quedan el las neuronas y se detonan con un olor familiar, alguna imagen conocida o Lisandro Aristimuño y sus notas agudas, que penetran en el alma sin pedir permiso. Claro, como si ahora para penetrar pidieran permiso.
Ya no se pide permiso, ni perdón, ni gracias; tampoco hace tanta falta, en ocaciones complican más las situaciones cotidianas de subrir o bajar del colectivo o comprar chicles. Pero ojo, no estoy en contra de los buenos modales, al contrario, solo digo que en psiquis delicadas y poco precisas emocionalmente hasta las buenas costumbres traen malos ratos, y que hay que tener cuidado con eso. Nada más.
El estado febril alucinógeno produce cosas raras. Coreografías enteras (con mucha gente y vestuario y cosas locas), textos sin sentido (como este), ideas de crear arquitectura inservible y la rápida pérdida de la noción del tiempo. Al alma hay que darle de comer no solo preocupaciones y entregas, sino sueños placenteros, aire en bocanadas, besos y abrazos tuyos (antes de que me des la mano y me lleves a recordarme lo que soy y lo que somos), algún que otro mate y un pop evolution, de esos que tienen gusto a frambuesa.
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